Existe la remota posibilidad en el más hipotético de los casos de que estés escuchando la misma canción que yo. Tal vez y sólo tal vez te acuerdes de mí, sonrías y vuelvas a darle al 'play'. Creo recordar que un día silbabas la melodía. Los cordones de tus botas estaban desatados, por supuesto. Un cigarrillo se consumía entre tus manos. Tenías la piel brillante por el sol y los ojos marcados de negro. Escribías con tu pluma en un papel de regalo arrugado. Siempre los mismos números. Tosías al compás del viento y movías los labios sin emitir sonido. Y volvías a silbar como si nada más pasase en el mundo, como si el ruido se escondiera bajo la cadencia de tus labios. No me mirabas pero sabías que estaba allí. Tu boca hecha de café y tu nariz de azúcar. ¿Por qué no vuelves? Me apetece dar un paseo. Puedo seguirte si eso es lo que quieres. No hace falta que me lo pidas. Saltarás de una raya blanca a otra en los pasos de cebra y contarás las baldosas pares hasta llegar al sendero que lleva a tu casa. Yo sonreiré tras tu espalda, tras tu pelo. Con el miedo en el cuerpo.
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