Hay ciertas cosas que deben quedar claras si vas a cruzar esa línea. Canto mientras cocino y no suelo recoger la ropa cuando me desvisto. Los armarios deben estar siempre cerrados y las puertas abiertas por lo general. Me gusta dormir con los pies fuera del edredón. La noche del domingo es triste porque le da la mano a la mañana del lunes. Me gusta la música a un volumen atroz. Los libros antiguos son mi debilidad. Adoro ir al cine, siempre de noche. Cocinaré para ti no como una obligación sino como un símbolo de amor. Me gusta que me llamen por mi nombre abreviado y que me den la mano cuando vamos andando. Quiero aprender a tocar la guitarra, deberás animarme a hacerlo. Podría comer tiramisú hasta la eternidad. Te he dicho que canto al cocinar pero no he mencionado que lo hago fatal. Nunca paso bajo ninguna escalera y siempre me levanto con el pie derecho. Tengo los nombres de mis hijos pensados y no sé si estoy dispuesta a ceder si no estamos de acuerdo. Me gusta comer helado en cualquier época del año. Me asustan los finales. Odio que dejen los tapes de los champús abiertos. No me gustan las películas de miedo. Sin embargo siempre habrá velas en la mesa del salón encendidas cuando llegues de trabajar. Siempre te dejaré encontrar las siete diferencias en el periódico sin rechistar. Debes saber que te querré de una manera desorbitada y que cuando tengas un día gris y necesites llorar en la oscuridad no diré nada, ni bueno ni malo, simplemente te abrazaré en silencio quedándome dormida sobre tu tristeza.
Cruzó el umbral.
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