viernes, 1 de junio de 2018

Solía

Solía imaginarte yéndome a buscar al trabajo, junto una botella de agua fría y unos cacahuetes garrapiñados. Solía imaginarte encendiendo velas justo al llegar a casa. Solía imaginarte encargando sushi, no solía imaginarte haciéndolo. Solía imaginarte envuelto en calcetines de rayas y vaqueros un poco sueltos. Solía imaginarte bebiendo cerveza directamente de la botella. Solía imaginarte riendo, cantando, carraspeando. Solía imaginarte dormido en el sofá con la nariz fría y el gesto serio. Solía imaginarte desnudo en la ducha, destilando jabón, mojado, imperfecto. Solía imaginarte. Solía cuando no aparecías, solía cuando te conocí porque no eras tal cuál imaginé. Solía porque ya no suelo. Ya no te imagino porque ahora te veo. Ahora te siento, te huelo, te protejo, te anhelo, te quiero. Suelo verte acurrucado en la cama con un jersey polvoriento y sin calcetines. Y te tapo con cuidado con mi manto secreto. Y te paso la mano por el pelo y me muerdo los labios porque quiero despertarte, besarte, amarte, sentir tu piel en contacto con mis mejillas. Me voy y sonrío porque no eras cómo esperaba, eres tú. Tan tú que no lo entiendo. Tan peculiar que rozas lo rocambolesco. Tan cálido que si me quedo a tu lado mucho tiempo me quemo. Por eso de vez en cuando vuelo. Porque sé que si regreso vas a tener un hueco en la butaca para que apoye mi mentón en tu hombro y me sienta en el principio del comienzo. 
Deseamos tener lo que no podemos conseguir. Y, si por casualidad lo tenemos, nos preguntamos qué nos falta y comenzamos a anhelarlo para después volver a empezar de nuevo.

miércoles, 11 de abril de 2018


Y cuanto más dolía su ausencia más sentía cicatrizar la herida. Lenta y dolorosamente. Cada palabra resonando en mi cabeza a la que querer volver. Cada instante queriendo cambiar el  pasado y sin ver un futuro al que aferrarme. Todo el vértigo en mi estómago no puede traer nada bueno. Todas las mariposas a la vez son demasiado. Tanto miedo al fracaso cuando no hay posibilidad de fallo, cuando es un plan calculado. Sé fuerte, sé valiente, sé libre. Casi era como un mantra. Y tan difícil de cumplir como de imaginar hacerse realidad. No enciendas la hoguera, no avives mi fuego. Déjame disfrutar del silencio. No digas nada, siento tu decepción. Es tan profunda que no toco pie. Tal vez si dejo de nadar se apaga el tormento. Tal vez si…


Tienes el antídoto para todos mis problemas pero aún así eres tú quien más me envenena. Tus silencios, tus ausencias, tus idas, tus vueltas. Te odio, te extraño, te pienso, te añoro. Te perdono.  Y después te vuelvo a detestar. Pero no te consigo olvidar. Porque anidas sobre mi piel desnuda, sobre mis cicatrices, sobre mis heridas. Me ahogas y me das el aire para respirar. Me castigas pero siempre me vuelves a buscar. Quiero que te vayas tan lejos que no sienta tu olor adentrándose hasta mis costillas. Quiero que no seas lo último que busquen mis brazos en las noches, quiero que no haya más despedidas. Quiero no quererte aunque quiera quererte siempre. Eternamente. Porque siempre has sido tú. Hasta que yo deje de ser yo. 

Me duelen las horas. Me duele quererte, me quema, me abrasa. Me duelen tus ojos dolidos, la culpa, la rabia. Me duele pensarte y no poderte tener. Me duele tu risa si no soy la causa. Me duele la distancia, me sobran motivos y me impacienta la calma. Me duele perdernos. Me duele creer que la vida va en serio, que se agota nuestro tiempo. Me duele mi cuerpo sin tus caricias, mis labios sin tus besos de despedida. Me duele respirar si no tengo tu olor. Me maldigo en silencio. Me duelen los huesos, me duelen las madrugadas. Me duele tu ausencia en la cama.

martes, 5 de diciembre de 2017

lunes, 3 de julio de 2017