domingo, 10 de noviembre de 2013
El espectáculo.
Oscuridad en el escenario de un teatro. Murmullo entre el público. Se abre el telón y reina el silencio. El violín rasga sus cuerdas y vibran de igual modo las de la guitarra. Cruje la madera de los viejos palcos. Y entonces la voz de la cantante atraviesa de lado a lado el espacio disponible envolviendo el ambiente con sus decibelios. Los escalofríos recorren el cuerpo y cierras los ojos dejándote arrastrar por el sentimiento. Canción a canción, nota a nota. Tenemos la capacidad de mantener la atención en un punto pudiendo tener secuestrada la nuestra propia. La magia del espectáculo. Termina la función y los aplausos dejan sin sensibilidad las palmas de las manos. Se pide un bis. Las luces se vuelven a apagar y el telón se despliega esperando anhelante su siguiente actuación.
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