-¿Te acuerdas de nuestra primera cita?
-Sí, fue un verdadero desastre...
-¿Por qué dices eso?
-Tú miraste el reloj al poco de llegar...
-¡Ah! Quería saber cuánto tiempo había tardado en enamorarme de ti.
-Vaya. ¿Y cuánto fue?
-Siete minutos y treinta segundos.
****
-Mira por la ventana, ¡está nevando!
-No pienso levantarme.
-¿Por qué nunca me crees?
-Por tres motivos. Uno, después de llevar quince años casados he comprendido que los unicornios no tocan con su cuerno mágico nuestra ventana para despertarnos los domingos. Dos, tengo agujetas en todo el cuerpo de anoche. Y tres, estamos en Agosto.
****
Los dos nos echamos a reír. Le pasé la mano por el pelo revolviéndoselo.
-Me encantaría hacerte una foto ahora mismo para guardar este momento.
-Hazla, yo me dejo-le dije.
-Ya te la he hecho. Mentalmente será mi salvapantallas de por vida.
****
-Joder, ¡miénteme!
-Lo siento, no puedo.
-Eres un cabrón.
-Te quiero.
-Mientes.
-Acabas de pedirme que lo hicieras.
-Y tú has dicho que no podías.
-Era cierto.
-Desaparece por favor...
-Te quiero.
-Deja de decir eso. Duele. No puedes hacer eso. Debes irte maldita sea. Date la vuelta y camina. Un paso tras otro. Vete, joder.
-No pasó nada, confía en mí.
-Te odio, ¿lo sabes? Quiero creerte, quiero quererte, quiero besarte pero te odio.
-Ódiame mientras me quieres.
-No.
-Odiémonos toda la vida bajo las sábanas.
-Márchate.
-Prometo protegerte, despertarte con café poco cargado como a ti te gusta. Te haré reír mientras vemos los dibujos al punto de la mañana. Llegaremos tarde al trabajo. Te mandare aviones de papel cada día. Y en jarrón de la entrada habrá eternas margaritas para ti con muchos pétalos que siempre acaben en sí.
-¿Y si algún día dejo de odiarte?
-Entonces tal vez sea el momento de amarme.
-No desaparezcas.
-Ven aquí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario