Qué tristes son algunos momentos. Puedes conocer o no a las personas que los viven o incluso puedes ser protagonista de ellos pero eso no evita que durante una fracción de segundo, y aunque sea clínicamente imposible, tu corazón se contraiga de pena. Qué tristes son las despedidas, el adiós. Casi nunca son como lo deseamos pero siempre marcan un punto de inflexión, un antes y un después. ¿Y qué queda luego? Algunos lo llaman
recuerdo otros
anhelo. Yo prefiero pensar en
el principio del final.
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