martes, 29 de abril de 2014

Edición recuerda.

Me falta el aire. No consigo recordar el sonido de tu voz. No recuerdo el color de tus mirada. Tu risa. El murmuro de tus palabras cuando creías que nadie te escuchaba. Me falta el aire. Todo está oscuro. Mis manos buscan la estabilidad. No sabría describir con exactitud tu personalidad. No te conozco. Me falta el aire. Mi pulso se dispara, se me llenan los ojos de lágrimas. ¿Dónde está mi vida? Vuelve, no me dejes, no te vayas. Por favor. Cuéntame cómo era yo, qué solíamos hacer. Si me gustan las fresas, cuáles son mis miedos, qué se me da bien hacer. Me estoy ahogando en mi propia rabia. Cuéntame si yo te amaba. ¿Lo hacía? No me dejes, por favor. ¿Por qué no recuerdo nada? ¿Nos conocemos? Me suena tu cara. ¿Nos hemos visto antes? Tal vez en otra vida, tal vez en otra galaxia. 

Edición Recuerda es el nuevo proyecto de la Fundación Reina Sofía para apoyar la investigación en Alzheimer mediante una reedición de productos que hace tiempo nos acompañaron y ahora podemos volver a disfrutar. 

Con la compra de estos artículos puedes colaborar. Aporta tu granito de arena, entra en www.edicionrecuerda.com
Nos encanta recordar. Luchemos juntos para que todos podamos hacerlo. 

Cenizas del pasado.

Tú te vas, yo me quedo. Por más que lo intento no consigo volar. Se dilatan las estaciones y el invierno es tan eterno que se afianza en el tiempo. Me gustaría borrar nuestra despedida, la mitad de nuestra historia, tu vida de mi vida. Te dejaste la guitarra, tus manuscritos y la cazadora que tanto me gustaba. Siento vértigo. No quiero perder mi humanidad y dejarme marchitar. Me has roto los esquemas, me has astillado el corazón con tus poemas. Decido que antes de tocar fondo una última bocanada de aire fresco es la oportunidad que merezco. Nos encontramos con los años, algo improvisado y con algo de misterio. Tú caminas solo con un aura de tristeza envolviendo tu camisa de cuadros color marengo, tu pelo revuelto, tus zapatos relucientes iluminando tu violento contoneo. Peligroso y tan abandonado que siento pena por ti. Yo camino con unos brazos alrededor de mi cuerpo, con nuestros pasos alterados por mi constante revoloteo. Nunca es suficiente porque siempre hay algo más. Pretéritos imperfectos avocados al destierro. Guía tus pasos lejos, evitemos el malestar. Intenta fingir que no me conoces porque esa fue nuestra única verdad. 

La bemol.

No recuerdas mi nombre pero yo sé quién eres. Te confunde mi cara y me hablas sin saber quién soy yo. Paso mis dedos por las arrugas de tu rostro y cada surco es una batalla. Tu sonrisa ilumina la estancia y te marchas. Siempre te marchas. Pisas la Luna, viajas por prados, visitas otras galaxias. Tus ojos son las ventanas de tus andanzas. Y me cantas. La tristeza que siento la compensa tu recuerdo amarrado bien fuerte a un cajón de madera en mi mente. Te escribo, te evoco, te siento, te perdono. La vida es tan injusta que me frustro en el intento. Te pienso en silencio. Y te quiero, como no se puede explicar, como no se puede expresar en voz alta, te quiero, te quiero. 

...

Respiramos, nos ahogamos, nos sentimos avocados al fracaso venidero, maldecimos y creemos que el mañana será mejor. Tocamos fondo, nos damos impulso, salimos a la superficie, nos secamos al sol, nos creamos nuestra protección. Con los huesos rotos, con la piel helada, con las manos agrietadas. Componemos, nos caemos y volvemos a empezar. Nos engañamos, no queremos claudicar. Recomponemos los fragmentos, unimos los vértices, nos balanceamos en nuestra pequeña espiral. Revivimos.

¿Alguna vez has sentido que no acabas de encontrar tu lugar? Te preguntas si hay algo más allá o si eso es todo. Aspiras a vivir una vida que jamás te pertenecerá, te obsesionas con el futuro y dejas de disfrutar. No nos damos cuenta de que el ahora, el ya, el momento es lo que se está consumiendo como un pequeños fósforo en nuestros dedos. Nuestras yemas, nuestros cuerpos, comenzando a abrasar. El lugar de cada cual está donde quiera establecer su hogar. Puedes viajar alrededor del mundo y dejar tus huellas en cada frontera, en cada carretera. Puedes vivir cien años en el mismo lugar, con las mismas caras, las mismas mañanas, el mismo viento, el mismo olor, la misma sensación. Puedes llevar tu hogar contigo. Donde tú estés yo tengo el Norte y no hay nada como tu amor como medio de transporte. No tengas miedo, encaríñate diez veces con la misma piedra, sólo tú eres capaz de decidir cuando las cosas se tienen que terminar. Somos dueños de nuestras decisiones y errantes destinatarios de nuestros actos. Porque todo lo que sale de ti, para bien o para mal, llega el día en el que regresa.

domingo, 27 de abril de 2014

Besos de película.

La magia del cine. La emoción contenida en una pantalla. La ficción hecha realidad por algunos segundos. El amor. El amor que mueve montañas. El amor que todo lo cambia. Los besos. Hay tantas clases de besos en el mundo y tantas formas de besar y de recibir un beso...

Hay besos de cuento. Historias donde el príncipe y la princesa son felices y comen perdices, donde la fantasía se apodera de las almas. Este es el cuento de Aladdín y Jasmine y de su lámpara maravillosa y de su mono Abú y de las aventuras que suceden en la ciudad de Agrabah. Este es mi cuento preferido sin lugar a dudas. Y es que, ¿quién no ha soñado nunca con que le muestren un mundo ideal montados en una alfombra voladora? Bueno, igual dicho así no pero vamos, la esencia es la misma. 





Hay besos que se dan sin saber la verdadera identidad. Flechazos que suceden por arte del azar. Hay besos que llevan el sabor de la inocencia y el desconocimiento. ¿Qué se siente al besar a la muerte? No podrían haber elegido mejor actor, Brad Pitt, encarnando el papel de Joe en Conoces a Joe Black, jugando con la posibilidad de no ser quien realmente es, de empezar de nuevo, de sentir por un instante la sensación contraria a la que brinda su profesión. Interesante.



Besos de bandidos. Besos de tipos malos, besos de granujas, de rompecorazones, de eternos villanos. Después del beso no sabes si quieres gritar o volverle a besar.

Hay besos originales, besos que se dan más allá de la vergüenza, besos en la garganta, besos en la nuca, besos en la clavícula, besos con sabor a mantequilla. Amélie, cuánto te debo. Son tiempos difíciles para los soñadores.

'Elle va changer ta vie...'

Hay besos tan casuales y románticos que unen los extremos, que atraen a los polos opuestos :) 




Hay besos furtivos, besos que se intentan retener, besos que saben a gloria que no entienden de amistad ni de promesas. Son besos que te elevan, besos que te hacen olvidar por un momento a quien le debes lealtad. Son besos irracionales pero tan reales...



Hay besos que se fotografían, besos que pasan a formar parte de la historia, besos que esconden enigmas, besos de despedida.


Los hay que no se dan por lo que darlos significaría. Besos que se hacen esperar, besos que ser retuercen perezosos una mañana de domingo en la cama.

Hay besos que dan nombre a un cuadro y ese cuadro es tan profundo que duele sólo de mirarlo. 

Hay besos entre bestias y bellas. Hay besos que rompen una racha de pesadilla. Besos que devuelven la vida. Bestias que son una delicia. Bellas que te encandilan.


Hay besos tan tristes que pierdes la esperanza. Hay besos que no se dan entre cuerpos sino entre almas.


Bésame, ¿capaz o incapaz?
'Te digo que Romeo y Julieta no eran de este planeta'. Jarabe de palos para ti. Esta historia mueve los engranajes del romanticismo, cambia el curso de las palabras, eleva la esencia de la prosa, transmite el elixir de la lírica, enloquece el sentimiento, frustra a la rabia. Romeo y Julieta eres tú, soy yo, somos nosotros.


Besos que cierran etapas, besos que curan heridas, besos que llenan vacíos. Besos que se dan la mano con la familiaridad, con la razón, con el amor.




Hay besos tan deliciosos que dan envidia sólo de imaginarlos.

Besos ciegos.

Besos que no se pueden frenar pero contra los que tratamos de luchar. Duelen, dan vértigo, besos a lo desconocido, besos a lo que no está escrito, besos tan difíciles de dar pero tan sentidos...

Hay besos que no se pueden explicar, simplemente se guardan en la retina para poderlos disfrutar tantas veces como la vida nos permita. 
Los besos, ese magnetismo, esa mezcla entre pasión y corazón. Existen tantos besos como labios que aún están por cruzar. Qué eternidad el mundo de los besos. Eternamente suyos, eternamente nuestros, eternamente míos.