Esta es la historia de Hanna, que quería ser trapecista. Y de su amor, Sam, que quería ser payaso. Se conocieron en la cola del paro y se enamoraron de su dinero. Por las mañanas él le inflaba globos con forma de salchicha y ella lloraba de pena. Por las noches ella se deslizaba por los travesaños del techo, colgada de los hilos que tejía el hada que les hacía la cama todas las semanas. Bebían pociones hechas con ingredientes secretos y un toque de canela. Ella se resfrió durante el invierno y él se fue a un país lejano en busca de una cura que no llegó a encontrar. Ella le mandaba mensajes en lechuzas y él le cantaba al viento su canción preferida. Hanna se marchó para siempre y Sam se quedó solo. Todos los jueves se montaba en el carrusel oxidado que crujía en cada vuelta. Los domingos no se levantaba de la cama. Esta es la historia de la tristeza y la melancolía, dos artistas de circo que se ganan la vida de la mejor forma que saben. Ella es ciega y él es mudo. Se dan la mano para cruzar la calle. ¿Crees que mañana nevará? Le pregunta él. Eso nunca se sabe, ya lo veremos. responde ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario