Me despertó su llanto. Era un canto tan hermoso que no me importaba interrumpir mi sueño para hacerle callar. Le mecía en silencio y juntos nos conseguíamos apaciguar. Le apreté contra mi pecho y noté su respiración junto a la mía. Olí su piel. Él enroscó sus diminutos dedos alrededor de mi pulgar y me miró entre parpadeos. Sonreí a mi pequeño tesoro y lo estreché más fuerte. El latir de su corazón me emocionó. No contuve mis lágrimas. Bañé su rostro y torció el gesto, yo sonreí. Le canté entre susurros.
Soñé tan cierto que por un momento ansié despertar. Sabía que algo no encajaba, había demasiada oscuridad. Me faltaba el aire. Grité en la noche en calma.
-Cariño, tranquila. Es una pesadilla, estoy aquí- Su voz me devolvió a la realidad.
-Era tan real-mis ojos se llenaron de lágrimas. Él las recogió una a una con sus dedos índice y pulgar.
-Pequeña, ojalá pudiera curar tu dolor- pasó su mano por mi vientre acariciándome con infinito amor.
-No es justo, no para mí. Llevaba tanto tiempo decidiendo su nombre, esperando ver el color exacto de sus iris, imaginando la vida con él o con ella-lloré desconsoladamente. El me abrazó tan fuerte que su comprensión me traspasó de lado a lado.
-Encontraremos la manera. Confío en ti y con eso me basta-dijo él.
-Yo ya no creo en nada, ¿por qué la vida es tan traicionera?
-Ojalá pudiera hacer algo.
-Podrías tenerlo tú- pasé del llanto a la risa y de la risa al llanto.
-Oh, cariño, ojalá las cosas fueran fáciles por una vez. Estoy seguro de que lo conseguiremos. Mírame-levantó con su mano mi barbilla poniendo mis ojos a la altura de los suyos- eres tan fuerte que a veces incluso me asustas. Seguiremos luchando por nuestro sueño, estaré contigo siempre. Esto no es una promesa vacía, es un hecho. No me imagino la vida sin ti. Dicen que de todo se aprende y que lo que ayer nos parecía muy importante mañana es sólo pasado pero esto no es así. No me podría permitir olvidarte. Quiéreme eternamente porque te juro que me perdería sin tus buenas noches, sin tus caricias, sin tus pecas revueltas, sin tus sonrisas alegrándome cada día.
Le besé en los labios. Una dos y diez veces.
-Voy a intentar dormir.
-¿Quieres volver a verle?
-Nada me gustaría más ahora mismo.
Me abrazó por la espalda con sus manos alrededor de mi cuerpo, sus palmas en mi obligo. Me sentí tan en casa que la sensación me mareó durante unos segundos. Cerré los ojos y anhelé con todo mi ser retomar el sueño donde lo había dejado, con mi tesoro sostenido entre mis brazos.