lunes, 26 de junio de 2017

No es fácil esto de ser feliz. Pero de pronto algo hace un 'clic' interno y disfrutas de la sensación. No hace falta que sea eterna, nada es para siempre. Desengáñate. Cuando los cuentos acaban la historia no está ni mucho menos terminada. Eso es lo que nos hacen creer. Cenicienta y el príncipe tendrán sus más y sus menos, la Bella durmiente sigue echándose la siesta hasta horas escandalosas y le está trayendo algún que otro disgusto. Pocahontas tiene nuevo novio, Smith fue un capítulo. Vivian Ward y Edward Lewis tienen rencillas por los celos. Los celos te pueden volver loco. Aladín y Jasmín han tenido su primer hijo y duermen de día porque se pasa la noche entera llorando por mucha alfombra mágica que tengan para mecerle. Confórmate, al menos ellos tuvieron una historia, no como Rose y Jack, Emma y Dexter, Satine y Christian. Los cuentos y la magia duran un verano. Son efímeros como las faltas de gasa, como los vestidos ondeando al viento alrededor del fuego en la hoguera de la noche de San Juan. Como tus labios sobre mi clavícula. Como tus manos recorriendo mis constelaciones lunares. Al final la rutina se impone pero no hay nada que te impida empezar los capítulos de un nuevo libro. No te sientas culpable y avanza. Que no te hagan creer lo que ellos quieren. Vive el presente, agota el aire en tus pulmones y corre. Corre lejos, no mires atrás, viaja, suspira, vuelve a empezar. 

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