A través de un cristal se agota tu vida. Tus alas no han crecido todavía. Rodeado de hilos sin ser marioneta. Te oigo respirar. No puedo tocarte pero sé cómo hueles. No puedo sostenerte en mis manos pero sé cuánto pesas. Tienes que vivir. No por mí, por ti. Pequeño, deberías ser inmortal. Te aguardan cosas maravillosas. Lo sé. Te aguarda la guerra, el horror, el odio, la venganza, la ira. Podrás con ello. Este mundo cruel también puede ser maravilloso. Se encienden las velas, la gente se cuida, se salvan las vidas, se cree en la magia, se confía. Y tú, tendrás que crecer entre todo esto, entre el ruido, entre el caos, entre las mentiras. Respirarás un aire plagado de envidia pero también habrá quien te tienda la mano, quien te indique el camino, quien te guíe entre toda la porquería. Mira a las personas a los ojos, no desprecies por la piel, no hagas daño sin motivo y, si lo tienes, piensa si merece la pena. No bebas café por las noches, concilia el sueño pero no malgastes tu tiempo en la cama si no es para enredarte con otros pies. No fumes, no consumas tu vida entre nicotina. Ríe, sueña, salta, brilla. Vive. Haz que tu pequeño corazón siga latiendo, se ha convertido en mi sonido preferido. Haz que tus huesos sigan creciendo. Quiero acariciar tu piel, escuchar tu llanto, deleitarme con tus suspiros mientras te sostengo entre mis brazos. Quiero quererte y que tú me odies cuando te prohíba salir pero que después me abraces cuando las cosas no vayan bien. Sigue nadando, sigue luchando.
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