Tú te vas, yo me quedo. Por más que lo intento no consigo volar. Se dilatan las estaciones y el invierno es tan eterno que se afianza en el tiempo. Me gustaría borrar nuestra despedida, la mitad de nuestra historia, tu vida de mi vida. Te dejaste la guitarra, tus manuscritos y la cazadora que tanto me gustaba. Siento vértigo. No quiero perder mi humanidad y dejarme marchitar. Me has roto los esquemas, me has astillado el corazón con tus poemas. Decido que antes de tocar fondo una última bocanada de aire fresco es la oportunidad que merezco. Nos encontramos con los años, algo improvisado y con algo de misterio. Tú caminas solo con un aura de tristeza envolviendo tu camisa de cuadros color marengo, tu pelo revuelto, tus zapatos relucientes iluminando tu violento contoneo. Peligroso y tan abandonado que siento pena por ti. Yo camino con unos brazos alrededor de mi cuerpo, con nuestros pasos alterados por mi constante revoloteo. Nunca es suficiente porque siempre hay algo más. Pretéritos imperfectos avocados al destierro. Guía tus pasos lejos, evitemos el malestar. Intenta fingir que no me conoces porque esa fue nuestra única verdad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario