Es tanto el vértigo por tu ausencia que siento miedo. Miedo del mí sin ti. Miedo del despertar, de las inseguridades, del no saber cómo actuar. Hay momentos en la vida en los que piensas que estás en el lugar adecuado en el momento perfecto y de pronto todo encaja, sin hacer ruido. Y no necesitarías más, no aspiras a una vida diferente. Abres los ojos y todo se desvanece y entonces vienen a tu mente tantas imágenes que son difíciles de ordenar. Viajar, conducir por la costa, descubrir nuevos países, aprender de la gente, reír, ver las estrellas en el lado opuesto al sitio en el que te encuentras. Cantar a pleno pulmón bajo el agua, fotografiar el paraíso para no permitirte perder el más mísero de los detalles. Correr, pasear, remar a contracorriente. Qué hay más allá. Vivir con lo imprescindible, con billetes que no brillen al sol en tono morado ni verde. Cada mañana un café en un lugar, con compañía. Alguien que sólo necesite tus ojos para respirar. Olvidarte del resto de la civilización, dormir en hamacas tejidas de amor. Conocerte y enamorarme de tu ilusión. Volar sin necesidad de identificación. Sin facturar, sin peso, sin incredulidad. Conquistando territorios, de bandera pañuelos de mercadillo. Nuestras risas sonando sin timidez y tú regalándome tu olor a hogar donde quiera que estemos. Tengo ganas de saber cómo es tu rostro y el mío al escucharte divagar. Tengo ganas de escapar, de ser salvaje, de agotar el presente sin esperar nada más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario